Fuimos caricias imposibles, fechas con una lápida inscrita desde el nacimiento. Nos enamoramos del silencio lapislázuli que inventó nuestras palabras. Las bocas narraron la unidad humana y el vínculo era, desde el tiempo de los tiempos, coincidente en el espejo de las almas. Duramos lo que dura el sueño que golpea el corazón, construimos con júbilo la larga-corta travesía de nuestro amor y luego, cumpliendo la promesa de morir, lo exiliamos de su tierra natal, dejándolo impúdicamente desnudo en medio de la mar....

Primer Libro: Piedras Blancas

pronto, la continuación con

Piedras Negras


Ylia Kazama, nació en México y tiene ascendencia española e italiana. Ha vivido en México, Argentina, Uruguay, Italia e España y ha presentando en numerosas ocasiones poesías, diálogos y monólogos.

Publicado en varios diarios de la ciudad de México, en Internet en diversos portales internacionales tanto artículos como poesías y cuentos. Revistas, entre ellas “Este Sur”, “Luna de Marzo”, “El Universo de El Búho”.

Participante en diversos foros de literatura.


 

Ocultamos la muerte y la creación tomó forma en una cronología de reconciliación ungida con cantos del Río Miño. Creamos un mundo de rocas, donde había vacío y distancia pusimos al amor, pintando con ternura surrealista un mundo imaginario sin ego, con hambre compartida y manifestada. PIEDRAS BLANCAS Y NEGRAS

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¿Dónde dejarás mi corazón cuando te vayas?
¿Encima de las flores?
¿Arriba de los árboles?
¡Debajo de las piedras!

Ylia Kazama

 

 

A manera de prólogo
... una piedra en el camino me enseñó
que mi destino era rodar y rodar...
(Canción Mexicana-José A. Jiménez).

Porque somos de piedra y de granito,
el cuadrante entre ambos es testimonio
que transcurrimos en el tiempo
comiendo del cuenco del amor
agonías, silencios, adioses.

Ocultamos la muerte y la creación tomó forma en una cronología de reconciliación ungida con cantos del Río Miño. Creamos un mundo de rocas, donde había vacío y distancia pusimos al amor, pintando con ternura surrealista un mundo imaginario sin ego, con hambre compartida y manifestada.

Siete días hicimos el amor con claridad, con un presagio atroz de locura, delirio, suavidad y confianza; escribía cartas donde firmaba “... te amo y no te digo nada... todavía”. Pero el alma, convertida en humus, se fue durmiendo en una barquita que pestañeaba en el mar de rocas del destierro.

Mojamos los guijarros con sudor agraz de uvas verdes, elevamos en todas direcciones cantos resplandecientes y recolectamos hojas que se aventuraron a cubrir los graznidos de las aves. Los cruceiros que brillaban a media tarde hablaban en voz baja. La pasión estaba habilitada y la ternura despertaba en tu cuerpo; piel que despacio fue pasando a mis secretos; entregándose como una carta escueta que sostenía entre los dedos. Escribíamos y borrábamos de los carballos nuestros nombres, la algarabía fue tomando el disfraz de melancolía y entre suspiros, sin saberlo, labramos un muro.

Fuimos caricias imposibles, fechas con una lápida inscrita desde el nacimiento. Nos enamoramos del silencio lapislázuli que inventó nuestras palabras. Las bocas narraron la unidad humana y el vínculo era, desde el tiempo de los tiempos, coincidente en el espejo de las almas. Duramos lo que dura el sueño que golpea el corazón, construimos con júbilo la larga-corta travesía de nuestro amor y luego, cumpliendo la promesa de morir, lo exiliamos de su tierra natal, dejándolo impúdicamente desnudo en medio de la mar.

Rompimos los diques de los viejos anhelos respondiendo deseo a deseo. Y fuimos piedras calizas edificadas en la ternura irreal de los humanos que no tienen réplica en la poesía, ni en la permanencia del escrito.


Como rocas vigilamos la barca,
las redes que en largas filas
curaban al mar de los sueños rotos,
que interrogan el hambre.
Dibujamos peces para colgarlos
y el espejo se tornó en sangre
que se ciñó a nuestras pieles
cubiertas de granito.

Mordimos los relatos, las persecuciones de nuestros fantasmas y en la buhardilla, pinté estas rocas, una a una y con ellas cubrí nuestra cama.

 

Deshojamos la guerra sin condiciones,
sin tomar la precaria voluntad
se hizo el mundo
siguiendo el Evangelio
según San Petrus;
el corazón que quería ser nube se agitó,
se hizo agua filosofal
y llorando escribí este testamento
sobre una piedra blanca y otra negra....

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Mordimos los relatos, las persecuciones de nuestros fantasmas y en la buhardilla, pinté estas rocas, una a una y con ellas cubrí nuestra cama.

Pronto ....

 

El mundo me es tan ajeno, tan armado de llantos, que me hiela, y mis piernas se estremecen con las batallas que derrumban la bondad del ser humano.PIEDRAS NEGRAS


Señalo con piedras negras
que abandonamos la morada
que cobijó el paraíso.
En algún lugar rodeado de ónix,
perdido en deseos tardíos,
se desliza el fuego
de tu sombra.


Piedra de Luna

Inscrito en el
Libro de las Noches Selenitas
soplan vientos alisios
y un ballet de estrellas doradas fluye,
desgranando secretos.
Las noches son zafiros
y la Luna de Piedras
camina herida
rodeada de estrellas frías.

Perdimos la carta de navegación entre adornos de hierro. Arrojamos la luz al campo de resina y la ruta quedó velando el retorno a la fusión de nuestras lenguas, para constelar la sal en un viaje sin tiempo...

El mundo me es tan ajeno, tan armado de llantos, que me hiela, y mis piernas se estremecen con las batallas que derrumban la bondad del ser humano.

¿Dónde aprendiste de los pecados?, ¿quién rompió tu marcha de hombre sediento y te bordó de desolaciones y de “no entiendo”?

¿Habrá que combatir con melodías la mirada del madrigal que lame la muerte? ¿Cuánto dura el dolor hasta que inunda las arrugas y escribe en acertijos resueltos que el cabello es sólo un montón de cosas inertes?

Triste el llanto que astilla los átomos de la alegría. Triste es cualquier día que suma ocho y que puso lastre al presente derrumbando tu respiro en los robles, colocando el amor bajo las piedras negras...

¿Cómo querías que pensara mientras besabas mi cuerpo?

Sangrar

¿Cómo querías que pensara mientras besabas mi cuerpo?
Cuando tus labios bordaban caricias, todo era alegría.
Mi conciencia estaba desmayada, la razón alucinaba.

Penetraba a raudales el fluido de vida.
Tu boca melodiosa, ola breve ¡poderosa!
¿Cómo podía pensar?
Si por mi boca entraba tu saliva,
llegaba a la garganta y toda yo, ¡explotaba!
¡Estallaba el deseo!
Mis piernas emanaban gozo, ternura;
me invadían las estrellas.
Era la noche y el sol del medio día;
la explicación, la respuesta... ¡la vida!

¿Te das cuenta?
La mano que tocaba, el cuerpo que engullía tu abrazo.
Temerariamente me arranqué los oídos.
Me sumergí en tu cuerpo,
me sentí plenamente invadida.

¿Pensar?... ¿Junto a tus piernas dibujando caricias?,
conociendo el desorden de tus cabellos al viento.
Latiendo al unísono... ¡gritando, aullando!
Sintiendo deslizarse tu alegríaen mi vagina;
¿quién piensa con besos y palabras inéditas?

¿Quién piensa?
Cuando los sentimientos son relámpagos que dan luz a la noche;
cuando las sensaciones son tales, que abarcan todo el cuerpo.

Te amé esa noche más, ¡más de lo que sabía!
¡Te amé!, y no pensé que eras mentira.
Te amé, ¡oye, te amé! y se me fue la vida.

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