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Conocer a alguien

Morena

Bajo el cielo inolvidable de Madrid, sé que una morena se me está escondiendo.

Anduve ya dos días caminando la ciudad, agotado por el sol perpetuo y el febril pulso constante; y ni siquiera vi unos ojos negros que me presintieran su belleza.

De ella apenas sé su nombre, y que es morena (lo de ojos es tan sólo una esperanza); y me desvela el no saber adonde duerme, aunque no menos me pregunto todo el día que es aquello que, en su nombre, ha hechizado tantos corazones.

Rocío, morena madrileña, dueña de unos probables ojos negros y de enigmática belleza; deja ya de ser fantasma por la torrenciales callejuelas y enséñate a mis ojos, que al fin he de saber si es verdad que, no por nada, suelen amarte con locura.

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