Comandante, no estás muerto, 
vives en cada grito de libertad
en cada corazón de hombre libre,
Comandante:
¡ Naces a Diario !

Ylia

Las raíces aún anidan en la tierra pero falta tanto por hacer  Oda por la Muerte del Che Guevara


El temporal termina cuando por cada gota de lluvia brota un pájaro sediento,
Un navío de velas negras en que ventrudos fantasmas andan de puntillas
Para no despertar demasiado pronto, querido Comantante Guevara.
Tu muerte, distante y compartida, pasa por la garganta de los niños de Vietnam y de Harlem
Como un gran trago de viento blanco.
Hijo verdadero del fuego, te convertiste en llama:
Tu muerte le quita importancia a la nuestra, más presente que futura,
Y pesa en las balanzas como una pestaña decisiva, 
Pesa en la conciencia de quienes no te asesinamos
Y pesa en la cara oculta de la sangre como una gran hélice de oro
Que un día no remoto levantará en vilo al mundo.
Y en medio de la pena, cómo da envidia
Tu manera de partir
Igual a un pensamiento que hace añicos a la estatua que lo piensa:
Oh pura explosión de la verdad
En ese pecho tuyo donde tantas estrellas retumban
Como cráteres de plata, como abismos de cristal de roca
Donde el eco pule estalactitas góticas
Y blancos encajes de llorada sal.
Querido Comandante Guevara:
Por primera vez me siento escaso de palabras.
Por primera vez me abstengo de elogiar la vida
Y me vuelvo ronco de tanto no abrir los labios.
Dios te cuide, Comandante.
Que te cuida ahora que no necesitas cuidado alguno,
De modo tal que tu leyenda viva
Cabalgue a grupa de huracán
Y que otra vez sea posible verte
A la hora de la justicia en la tierra.

Las raíces aún anidan en la tierra pero falta tanto por hacer  CLAMOR POR EL CHE GUEVARA
Margarita Paz Paredes

No en oración ni en duelo ni en llanto amortajadas; 
no en débiles sollozos contenidos 
ni en románticos salmos a la muerte, 
estas palabras simples han de salir dulcificando el aire. 
No; porque la garganta donde quedaron un instante presas, 
arde como una pira,
quema como volcán enfurecido inundando de lava el sentimiento.
Mi voz es brasa ardiente, grito en la noche, 
enardecida aurora sin posible silencio, sin reposo; 
tormenta desatada en el océano de la sangre alerta; 
piedra en el arco tenso del oído, campanario iracundo.
¡Cómo decir tu nombre alucinante! 
Cómo decirlo, cómo si viene cabalgando por América 
como un potro fantástico de asombro sobre el miedo feroz del asesino? 
¡Qué decir, si los pueblos de todos los Vietnam ensangrentados 
sienten crecer su litoral de odio bajo tu sombra en lucha rediviva!
¡Ah, tu nombre, tu nombre jamás con tanto amor fue repetido! 
Es un clarín sonoro y portentoso, 
un grito de esperanza para la libertad encarcelada; 
insistente metralla que perfora hasta el más sordo oído de efímeros tiranos;
tambor de inusitada resonancia en el pecho de limpios guerrilleros.
Mueren los que socavan la dignidad del hombre. 
Se pudren los que llevan una carroña vil en la conciencia.
Pero tu polvo ardido se levanta, cálido polen, 
germinando el viento, y súbitos claveles en estallido rojo, 
diseminan sus corolas rebeldes por la Tierra.
En vano intentan sepultar tu frente, reducir a cenizas tu consigna, 
mutilarte las manos libertarias, ahogar tu voz de redentora estirpe, 
si los pueblos de América oprimida miran arder tu sombra luminosa 
como lumbre incendiando su tiniebla.
Jamás artero golpe fue temido por criminal conjura. 
Nunca una muerte equívoca se rebeló con tan vital respuesta.
Ejércitos dormidos se estremecen 
al resonar tus pasos de batalla por todos los rincones de la Tierra, 
y hay un clamor de lucha incontenible enrareciendo el aire del esbirro.
Apóstol combatiente, 
cazador implacable de rubias bestias y rastreros buitres; 
nuevo Cristo en el templo justiciero, restallando su látigo de ira, 
sobre la sucia espalda de torpes fariseos.
Cuba, la sola estrella de este cielo oscuro, la única dueña de su luz , de su aire, de su evangelio insólito y fraterno, 
de su sal y su harina compartida,
ha lanzado a la altura una flotilla de encendido vuelo 
que enarbola el mensaje de tu voz acendrada y compañera.
¡Qué despertar colérico del hombre amurallado de terror y engaño! 
¡Qué despertar con tu violento polvo, 
que en rojo torbellino se levanta y arrasa las fronteras de la Tierra 
y enciende las hogueras combativas!:
Capitán del ideal, Quijote invicto, 
Ulises arribando a la Itaca del sueño; 
héroe de la epopeya que cantará la América; 
visionario, romero forjador de una patria sin cadenas.
Tu nombre alucinante seguirá cabalgando por los pueblos, 
como un potro fantástico de asombro, 
conduciendo un jinete de esperanza al nuevo territorio que amanece.


(México, octubre de 1967)
Las raíces aún anidan en la tierra pero falta tanto por hacer  CHÉ
Gioconda Belli

Si el poeta eres tú, qué puedo yo decirte comandante?
Qué puedo yo decirte, comandante?, 
todavía guarda mi memoria tus fotos en Bohemia "Edición del Triunfo". 
Tu cara hermosa y risueña.
Qué hermoso sos, comandante, un hombre con cara de futuro, 
un hombre grande, lleno de alegría y victoria. 
Qué puedo yo decirte, comandante, si vos sos el poeta de la flor 
y el mate del tiempo detenido en una ráfaga de metralla que canta?

Las raíces aún anidan en la tierra pero falta tanto por hacer  Hasta que seamos libres
Gioconda Belli

Ríos me atraviesan, montañas horadan mi cuerpo y la geografía de este país va tomando forma en mí, haciéndome lagos, brechas y quebradas, tierra donde sembrar el amor que me está abriendo como un surco, llenándome de ganas de vivir para verlo libre, hermoso, pleno de sonrisas.

Quiero explotar de amor y que mis charneles acaben con los opresores cantar con voces que revienten mis poros y que mi canto se contagie; que todos nos enfermemos de amor, de deseos de justicia, que todos empuñemos el corazón sin miedo de que no resista porque un corazón tan grande como el nuestro resiste la más crueles torturas y nada aplaca su amor devastador y de latido en latido va creciendo, más fuerte, más fuerte, más fuerte, ensordeciendo al enemigo que lo oye brotar de todas las paredes, lo ve brillar en todas las miradas lo va viendo acercarse con el empuje de una marea gigante en cada mañana en que el pueblo se levanta a trabajar en tierras que no le pertenecen, en cada alarido de los padres que perdieron a sus hijos, en cada mano que se une a otra mano que sufre.

Porque la fuerza de este amor lo irá arrollando todo y no quedará nada hasta que no se ahogue el clamor de nuestro pueblo y gritos de gozo y de victoria irrumpan en las montañas, inunden los ríos, estremezcan las ramas de los árboles.

Entonces, iremos a despertar a nuestros muertos con la vida que ellos nos legaron y todos juntos cantaremos mientras conciertos de pájaros repiten nuestro mensaje en todos los confines de América.


Línea de Fuego, Ediciones Casa de las Américas, República de Cuba

Página en constante idealismo

Mueren los idealistas,  no los ideales.
Ylia Kazama

Música: Su nombre ardió como un pajar
Por siempre CHE
Patricio Manns
Tarda un poco
sí tienes paciencia
la escucharas

 

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