El Innombrable

El Innombrable hablaba en broma de lo serio; y en serio de sus bromas, hacía juegos de las palabras y eso me apasionaba, tocaba la envoltura de mi santificación y disipaba el granito de la muralla donde había sepultado las amapolas. Me enamoré de su risa. No había placer más grande que arder unidos como bosque y enramada, diciendo todo... sin decir nada.

Su sonido era la noche tibia, la oscuridad total, el descanso de la luna. Mis murmullos, los grillos que llamaban a sus fantasías. Al igual que los quetzales enseñan sus plumas con gallardía, mostrando sus mejores colores para conquistar; me deslumbraba con su voz y con su ingenio. Se erizaban los anhelos y me deshacía como arena con el viento.

El deseo llovió sobre mí al contacto de la caricia esbozada. Me llenó como un pan anula el hambre Era un hombre seductor, entregado al placer del amor, por el placer mismo. Hacía alborotos por todo y con la sensación de cálida serenidad, me enloquecía.

Hasta que llegó la noche de no dejar pendiente nada de lo que se había prometido en mil juegos.

Los cedros que rodeaban su casa contrastaban con el impecable césped. En la laguna los patos blancos, negros, se mezclaban. Me duché con mil estrellas, me cubrí de: rosas, hierbabuena, claveles, nardos. Era parte de los colores de las flores, el aroma de los árboles; la permanencia solar. Jardinera habilidosa, continuación de la Señora Naturaleza.

Dedicado a la fantasía porque su nombre es el canto y su voz el rito de la risa clara.... Ylia  ......... "Somos del mismo material del que se tejen los sueños" : William Shakespeare

Sentí que era una ceremonia que nunca finalizaba. Como todas las mujeres me preparé para ser su vino y el mi pan.

Sin desperdiciar una palabra, surgió en mi enigmática, la Señora del Amor, llena de fuego.

Palidecí de emoción al entrar, por vez primera, en los tormentos del amor. Nos imaginé corriendo hacia la playa solitaria, desprovistos de tela ¡era tan bello!. Ágil, esbelto, con cicatrices, que para mí estaban en el sitio justo, donde con un beso, tocaríamos el cielo.

Recorrió todos mis caminos, con inocencia lujuriosa; sabia a noche en el mar. Quería que ese poder me penetrara, en una Ceremonia Ritual del Fuego Nuevo.

Al unirnos perdí los limites del entorno; se esparcía y era el universo en una pequeña caja de huesos. Los espasmos, como relámpagos llegaron en oleadas. Las aguas claras mojaron mi interior y su sal se introdujo para tejer de nueva cuenta, nuestra historia.



Mi Señor del Cielo se entreabría enseñando la hilera de dientes un poco disparejos, tan blancos y afilados; era un mosaico, un vitral, una oda de pasión.

Sabía perfectamente, como si fuera navegante, del mapa femenino y en él andaba de un lado a otro. Conocía del tiempo que éste necesita y me conducía por esos laberintos a todos los caminos del placer para que gozara una y otra vez. Se solazaba al percibir mi voz llena de sonrisas. Sabía de mi rendición sin condiciones. Al final, cuando me encontraba extenuada me acompañó en ese viaje húmedo; eternamente humano y vulnerable. Navegamos y llegamos a destiempo "intemporal" al mismo Puerto.

Se reunieron en mi todas las mujeres y esa legión femenina arrollaba la razón. Hallé formas en la espesura de su danza. Con la boca seca, nos privamos de comer, de la fatiga.

Fuimos un gemido, un solo cuerpo
Vino y sangre
Tierra y Cielo
Grito y alma
Voz y misterio

Mis palabras eran eco de las suyas, confundiéndose sin saber cuál era la boca que decía. Era la música, yo su letra... fuimos una copla erótica, una rapsodia de vida y muerte.

A medianoche bañados en abandono letal, emitíamos susurros que escoltaban las caricias, la sed de beber el agua que penetraba en la tierra. Su nombre era la nota más bella... por eso ahora no lo repito.

A la garganta acudían enrolladas palabras plateadas en lustros detenidos, en la hoja del libro de la espada, que antes en blanco, y ahora pintada de mil demandas amorosas escribimos que la totalidad del destino duerme en la parte central que no es perfecta, pero es el mejor sitio donde reposan los guerreros.

Su humedad se mudaba y en el festín de ritos lentos, levantaba la furia y la calma; era como estar soñando despiertos, una ceremonia largamente esperada.

Los Nueve Señores de la Noche nos protegieron y dormimos abrazados. Soñé que me soñaba mientras sus manos protegían mi pecho.

Así amaba aquel hombre el secreto de mi realidad, el dédalo despojado de misterios, lleno de milagros. Deshacía mis obstinaciones, vistiéndome de hilos azules cuando me decía te quiero. No había en ese segundo ni un parpadeo, su voz ronca era el fruto y la semilla. Me quitaba la vida lentamente y me restituía a ella de golpe.

-Colgué el teléfono

-El Innombrable no había dicho nada realmente

-¿Yo?...menos

Sabemos que llegará el tiempo donde la tierra y el cielo despertarán juntos


Ylia Kazama
Adaptación de un Fragmento:Malinche Vox Populi. Manual de Sobrevivencia©


Página en constante sonrisa

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