Un minuto .... cartas de amor
La vida son dos minutos ... y este minuto es para el amor.
La ofrenda que hacemos es darnos protección y delicadeza.
El plan es darnos tiempo, abrir el corazón y la vida.
¡ Sea ! dijimos uniendo nuestros corazones;
en un rito de amorosa entrega.

Ylia
Año de Gracia

 

He sacado de la cajita de roble, aquella que tallaste con tus manos con nuestras iniciales entrelazadas en lapislazu. La he sacado y acariciado su contenido, porque en días como hoy el ver tus fotografías o letra me es tan necesario como respirar.

Año de gracia, mes séptimo, día 4
Carta en cuatro respiros y tiempos... en el tiempo
¿48 horas bastan para mirar?
De Galicia al Paseo de los Melancólicos

Amor mío:

He sacado de la cajita de roble, aquella que tallaste con tus manos con nuestras iniciales entrelazadas en lapislazu. La he sacado y acariciado su contenido, porque en días como hoy el ver tus fotografías o letras me es tan necesario como respirar.

Tengo visiones de otros tiempos. Ahora los tiempos oscuros y luminosos me enseñan a contemplar tus cartas y manos de otro modo; cuando me las dabas, cuando me tomabas de la mano eran días que a veces no vivíamos sino que nos vivían.

¿Qué veías cuando caminabas por esta ciudad azulverdosa?. ¿A qué jugabas de niño?. ¿Dónde abandonaste la inocencia para vestirla de grisáceo?. ¿Quién te dio a gotas diarias el miedo que tomaste como sí fuera parte de tu vida?. ¿Cuántos pasos había hacia nuestra cama desde la entrada?. ¿Cuándo liberaste todo eso para vestirte de sombras?. La faz de la tierra era verte dormido y tu mano tocando siempre mi muslo ,era el paso a soñar en el asombro de este encuentro causal con un destino.

Eres todas las ausencias...

Aquellos eran nuestros días inmortales, faltó tanto por decir y tanto por combatir; alrededor de tu cabello estaban mis dedos tejiendo tus sueños, abrigando tu cuerpo mis derroteros; compartíamos el aliento aclarando el mensaje de la permanencia efímera y eterna.

Guardabas celosamente mi música, mis pasos, mis secretos y dibujabas con todo lo tuyo un mundo de curiosidades.

Al recorrer con mis dedos tu rostro en las fotografías, ríos de recuerdos fluyen intactos de ti, de tus insubordinaciones tejidas en el revés de los relatos; eras terco pero al mismo tiempo eras una entonación dulce. Eras la mañana que florece con los juegos, eras el insomnio acongojado y el acontecer de lo que no podíamos vivir por el caos de las valentías ante lo inevitable. Al recorrer con mis dedos tu rostro en las fotografías, ríos de recuerdos fluyen intactos de ti, de tus insubordinaciones tejidas en el revés de los relatos; eras terco pero al mismo tiempo eras una entonación dulce. Eras la mañana que florece con los juegos, eras el insomnio acongojado y el acontecer de lo que no podíamos vivir por el caos de las valentías ante lo inevitable.

Tus cartas lo dicen todo, tu relación filosófica, las correlaciones semánticas de nuestra amistad amorosa y la gratitud hacia lo que te daba era precisamente el tormento de no poder ser congruente con tus palabras.

Sin embargo, ahora que leo tus cartas, se que era inútil que negaras el amor, porque en cada insignificancia esta labrado tu abrazo largo hacia mis preguntas. El tiempo no ha desteñido tus letras, la forma en que las anotabas y la paciencia para mecer conversaciones parpadea en cada hoja.

La primera vez que nos amamos, dejaste una carta pegada a la lámpara amarilla, estaba llena de demonios, de sombras, de las vendimias de tus tiempos tristes; no supe adivinar en ese momento que había un gran amor en la negación de tus detalles. 

Cuando regresaste del trabajo y viste mi maleta en el borde de la puerta, desembarcaste en mis brazos para decirme con besos de sangre, que no me marchara. Que aunque no querías quererme la profundidad de nuestras noches estaba por escribirse y que yo podía darle una oportunidad a ese nacimiento.

Esa noche la maleta se quedo durmiendo allí y la siguiente y la siguiente. Nunca desempaque, pero tampoco la cerré para marcharme. Desde el fondo de mis lágrimas vi tu memoria confundida. La eternidad de tus ausencias, el miedo a perderme, el dolor de la certidumbre que no podías quedarte. Por eso, desnudaste el amor para dormir a mi lado con tu cuerpo que parecía desierto pero estabas floreciendo.

Llenamos de amor dulce cada pedazo de piel, pero más que nada desnudamos el alma para dormir fundidos en una cama de nubes. Construimos una escalera infinita hacia los sufrimientos; olvide el conocimiento para descubrir en ti que el amor, el verdadero, es matar los deseos, la piel de borrasca, los sueños, para despertar al gesto familiar y reescribir una historia sin halagos, pero con el Verbo tomado de nuestras manos.

La ofrenda era el modo de adaptarnos, de rasgar lo que dicen que debe ser, para hacerlo nuevo. Y tus promesas eran precisas, escribías en mis vestidos que tenias tanto miedo de morir y dejarme sola que preferías marcharte y enseñarme a vivir sin ti. Es en lo único que te he llevado la contraria ... esta vez no diré: " ... si tú lo dices!". Me enseñaste a vivir contigo y vivirás conmigo por siempre y para siempre... ¡ ya te digo !. Hay promesas de vida, ésta es una de ellas.

Aún arde la cera de la vela, la luna llena anuncia silentes pulsos en nuestra cama; sigue siendo nuestra porque nadie más que tú la ha habitado. Los ojos cambian los tiempos verbales, distantes para no consumir la tierra de Dios y la poesía.

Nada está de más en ninguna de estas ciudades, cada cosa pertenece y se desintegra de manera perfecta para consumir y renovar los días. Dios está en cada experiencia amorosa, sin este punto de unión no podríamos habitar el espíritu. Estás en mí como yace la oración, dibujando con harina los sobresaltos para de un soplo volarlos hacia la media tarde. Es saludar, como hacíamos, a la mañana y reír con los párpados sin tener confusiones en los pómulos.

¿Te das cuenta de lo que vivimos sin escándalos?. La esencia de los humanos es saber volar, aunque se tenga una nariz imperfecta, o un cuerpo de pecado. Y nosotros volamos, dispersamos las perfecciones para habitar balcones civiles recurrentes en cada herida. Y no sé por qué, esta carta escrita en español, debe llevar estas dos palabras que son capaces de decirte la gloria de los tañidos incomprensibles para los demás que la lean: "after all"..... ¡ ¿Te das cuenta de lo que vivimos sin escándalos?. La esencia de los humanos es saber volar, aunque se tenga una nariz imperfecta, o un cuerpo de pecado. Y nosotros volamos, dispersamos las perfecciones para habitar balcones civiles recurrentes en cada herida. Y no sé por qué, esta carta escrita en español, debe llevar estas dos palabras que son capaces de decirte la gloria de los tañidos incomprensibles para los demás que la lean: "after all"..... ¡ ya te digo ! .... "Después de todo", junio me encuentra sentada sola canturreando, viendo la vida sin detenerla, apreciando el ser sin saber si lo merezco; no queriendo ocupar un sitio que no me corresponde pero sabiendo que ser tu cómplice -como decías- es ser aceptada desde toda mi femineidad y desde todo tu ser masculino. Y amándote más, de una y mil formas diferentes, llorando de tristeza, pero sonriendo al saber que el amor trasciende la materia y las distancias. No hay muchas ocasiones en la vida en que uno puede amar así, ¿te das cuenta?.

Nosotros encontramos una lucha común, un sentido real del amor y de vida, un viento que nos guía, a pesar de todo, en este sabernos sin que los demás nos sepan. Y en este reconocimiento de ser los mejores, sin serlo; está la aceptación de lo que perdura en la prosperidad y en la austeridad a lo largo de los días y noches complicadas o sencillas; en la ausencia y en la presencia; en un abrazo profundo de lo que fuimos, somos y seremos. Sin embargo, no supimos estar a la altura del amor que labramos, tampoco supimos defenderlo, porque ser sólo seres humanos es cometer errores y a veces una de las partes no entiende lo que significa el amar y perdonar al mismo tiempo.

Bebo una caña en un bar cualquiera de estas dos ciudades. No saben igual y yo tampoco soy la misma. El camino a tu lado me ha enseñado y desenseñado pero es este mismo corazón el que ama. Vagabundeo y siento tener la verdad anudada en cada una de mis piernas. La vocación de amar es sólo el instrumento de Dios, para dar el sermón de la montaña al corazón. Amar y ser fiel a la sinceridad amatoria no es pensar que un clavo saca otro clavo. Es saber, que ese clavo, es el que une la vida con el escrito, con la capacidad de definir que sobrevivo ante la pérdida enorme de tu presencia, pero me quedo con la fundación de la ciudad religiosa que eras tú; porque en cada acto estaba la fe como estandarte.

Era Rut ¿recuerdas?, la que decía: "No me ruegues que te deje y me aparte de ti, porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios. Donde tú murieres, moriré yo, y allí seré sepultada".

Y eras tú, siempre, el que me motivava a repetir este pasaje, golpeando el muro de nuestro tiempo. Formulabas negaciones temblando y eras serio pero risueño; un corazón invisible pero lo llenabas todo. Me enseñaste que el amor se cuenta por la unidad en tres; era un breve espacio, pero duraba cada minuto una eternidad.

Pienso... mientras veo la tierra, las piedras, el mar, tus calles, la ciudad, que hay personas que toman los hábitos para amar las congregaciones y para reunirse a orar. Yo he tomado los hábitos de otra manera, pero finalmente me reúno con tus silencios orando y congrego las más claras aflicciones con los mayores milagros.

Mi cuerpo, ese cuerpo que redunda en tus manos, se torna desvalido ante la nota vacía dejada por tu huella; la ausencia es tan parecida a morir y me duele este luto al no ser una pareja. Esta no es sólo una carta, es una oración mínima a la vida y a tus silencios. A lo sagrado de las vestimentas, un salmo en medio de los jardines que son habitados por las tardes, porque desde tu ausencia ignoro donde quedan las deshonras de este mundo desnudo, para vestirlo a diario de símbolos. Confieso que tengo el hábito de amarte, de consumar el yacer sosteniendo el horizonte solitario, porque si el amor no es salvación, ¿cuál sería la esperanza de la promesa eterna?

La vida con tu ausencia -no "en", sino "con"- se hizó añicos, los cántaros se quedaron solos y vacíos. Bebimos nuestras copas pero no las agotamos, acariciamos la mañana, la amistad, el amor, los fragmentos de semanas, de la confianza; arañamos las zozobras, el dolor, la luz, la pasión y no quedó nada, pero tampoco se ha agotado.

No estoy sola porque se que el vino del amor es una celebración que no tiene muchas fechas de festejo. ¿Dónde rayos encontraría otra existencia espíritual/material como la tuya?. ¿Dónde existe otra mano que dibuje como tú, teologías orgásmicas?. Existe, sé que existe .... pero no quiero otra mano; ¡ tengo tu mano !; me alejo cada día más del bullicio y estoy más comprometida con la vida; construyo otros puentes -como los de Madison... ¿recuerdas?-, otros muy nuestros en un tiempo de luz, con la luz de la familiar y de la amistad. Hermandad que me es, como debe ser, sólo lealtad de corazón de ida y ... vuelta. Sin embargo,

Para decirnos tantas palabras, oraciones y marchar sobre tantos silencios fue necesario construir un puente entre tu mundo y el mío. Un fértil campo de solsticios y equinoccios, una cama de huesos y suspiros.

Éramos como las nubes, como la corteza de los árboles que no se equivocan; éramos agrios y dulces. Las charcas de sal y de miel; de sombra y luz  viviendo a pesar de las elecciones, de los combates, de la sangre que se derrama entre el norte y el sur.

Por eso absorta miro lo que me ofrece el ancho mundo, pero no hay nada que llene tu espacio, porque nada hay que llenar. Tu presencia sigue parada entre las horas, en las esperas de los días, en los campos de trigo; en el mar que nos une y nos separa y con hilos invisibles sé que el amor no se hunde en las ausencias, no se dispersa en el olvido cuando los suspiros aún completan la tierra que me habita Por eso absorta miro lo que me ofrece el ancho mundo, pero no hay nada que llene tu espacio, porque nada hay que llenar. Tu presencia sigue parada entre las horas, en las esperas de los días, en los campos de trigo; en el mar que nos une y nos separa y con hilos invisibles sé que el amor no se hunde en las ausencias, no se dispersa en el olvido cuando los suspiros aún completan la tierra que me habita.

No he vuelto a amar porque sigo -seguiré- amándote. Muchas veces vuelvo a sentir melancolía de las noches de luna porque no camino con tu mano tomando mis dedos. Este entreacto es tan largo que preludia la muerte que es vida y nítida se dibuja entre los días de lluvia.

A contramano es inevitable que lea tus cartas, que dé una tregua al dolor de este destino de patria destejida. Nada es lo mismo sin ti, la cama yace sola repitiendo tu nombre, el ciprés está sin hojas, mis deseos sonríen y me miran con benevolencia. Las lágrimas acuden en los inventarios diarios y esta grieta del jueves baja a reírse de mi, mirando con sus pupilas de horas la ternura que aún me llena.

Nada es lo mismo, pero aún convive mi aire con tus camisetas, aún sin tocarte estas junto a mi, abrazando mis ademanes, mis distracciones; orando con cada sacramento distante por un momento donde podamos reunir tus recintos y los míos. Se que esta lección es de consagrar los desvíos con las partidas, se que un amor así, no es cotidiano. Se que justo cuando pretendo romper todo esto, salen las cuentas a decirme que con nadie podré compartir cada mañana, como contigo.

Las manchas en la pared son exactas a tus manos, envuelven el misterio de mis noches, hacen que las heridas se curen pero retoñen porque aún a la distancia te sigo amando. Tu risa habita hasta los prejuicios de mis amigos mientras visto tus pantalones cortos y tu pañuelo se tiende con beneplácito en mi cuello, firmando que este es territorio comanche, donde la capacidad de firmeza no se pierde ni es devorada por el olvido.

Éramos ángeles y demonios. También herejes creyendo en el infinito; soñando que nuestras manos juntas vencerían las fechas. Nuestro lenguaje primitivo, invocaba el ocultismo de las siglas. Adán en el paraíso, Eva trasgrediendo la composición de las predicaciones.

Eres todas las presencias...

El amor brinda aún hoy al mundo el espasmo de los sueños; y yo no los necesito, pero ininterrumpidamente sueño despierta con tu mar y con la invisibilidad de tus labios. Somos otra manera el lenguaje del amor. Y me has heredado lo que más amabas y yo me he entregado con tanto de amor y agradecimiento que no hay palabras en esta contienda amatoria más que ser en la fe, la luz del destino. No te defraudaré... llevaré la lámpara a todos lados.

Ahora, nuestro idioma se ha convertido en el de los pájaros. En cada ciudad que camino, eres tú a veces la palabra y el significado; otras, eres el significante en el punto de inicio del pensamiento. No sé si donde tú caminas alguna vez piensas en que soy el viento que está a tu lado, pero tengo la certeza que me llevas dentro, aunque no quieras, sabes que como nuestro amor, no habrá otro.

He cambiado, pero la voz para hablarte sigue siendo la emanación del principio, tengo una conciencia diferente desde que dejamos el mes de febrero dormido tranquilamente en el alma, guardo silencio y pinto en los cristales tu nombre, mientras imagino que te veo caminando para salir del hogar, como entonces... como siempre. He cambiado, pero la voz para hablarte sigue siendo la emanación del principio, tengo una conciencia diferente desde que dejamos el mes de febrero dormido tranquilamente en el alma, guardo silencio y pinto en los cristales tu nombre, mientras imagino que te veo caminando para salir del hogar, como entonces... como siempre.

Tu mano saludando mi hambre, tu hambre alimentando mis días. Tu voz detrás del teléfono para decirme:

-¡ loquita gloriosa !, ¿ cómo se te ocurre despertar tan temprano para verme partir ?.
Y mis susurros diciéndote que no sabía que era temprano, sólo sabía que era la hora de acompañarte.

La resurrección esta en cada memoria, en cada marca que tengo en la piel tatuando tu rostro... el misterio es que el tiempo es obsceno porque edifica claridades aunque no quiera.

Y te amo en todos los hombres, mujeres, niños, árboles, pájaros -cigüeñas, palomas, golondrinas-; te amo en un mar de dulzura, en cada esperanza que nace, en cada soledad que desarmo, en cada presagio de tus pasos. Amo cada profecía, cada lugar caminado contigo, cada beso que no me diste, cada caricia que no me prodigaste, cada "no quiero quererte". Amo cada amor que has amado, perdono cada dolor que te ha lastimado. Desde mi ser mujer entre estos tres tiempos, sin tiempo, te amo.

Más allá, en el camino del amor están la respuestas. En cada estrella se mueven tus manos dibujando amaneceres que asumo como penitencia para salvarme. Que yo, por sí no te has dado cuenta he aprendido a verlos como querías, porque no olvidaste que sin ti vivo pero no vibro; pero con sólo pensarte, un arcoiris se esparce en el alma y vibrar no es nada, cuando el alma vive. Sólo espero por ti, por tu verdad, por el día que vendrás por mi, para romper la injusta presencia de tu ausencia.Francamente, no soy una mujer solitaria porque en cada bisagra de la casa estás tú. Cada amanecer pongo tus cubiertos y poseo la tierra con tu rostro en la inocencia de que te fuiste, no porque quisieras, sino porque era correcto cumplir con la vida. Dejo tu ropa en el respaldo de la silla, como acostumbrabas hacerlo para entonar que aún estás en cada humedad de este cuerpo.

¿Dónde terminan las fronteras de la espera?. ¿Dónde el exilio de los respiros?. ¿Dónde la mano volverá a hacer caricias en tu espalda?. ¿Cuándo es el tiempo de reunirnos?. ¿Cómo es que me debo vestir para encontrarnos?. ¿Cuándo dejaré de sollozar desde este sótano oscuro?. ¿Cómo es que vivo con este corazón roto?. ¿Cómo es que el oxigeno penetra mis sentidos si mis pulmones son una materia triste?. ¿Estaba escrito que yo tomara los hábitos bíblicos y al mismo tiempo fuera la cifración de los pecados?.

Y... ¿dónde estaba escrito que tampoco fuera la elegida, ni la visión humilde de la plegaria?. ¿Cómo es que escribiendo todo esto no me sienta miserable?. ¿Por qué dejaste que el miedo fuera el protagonista de la historia, cuando había tanto amor en ambos?. ¿De dónde sale esta espera mansa en la insólita ternura de la tarde?. Y este rosario en la mano, buscando respuestas en cada cuenta ... y encontrando verdad en el día a día.

Más allá, en el camino del amor están la respuestas. En cada estrella se mueven tus manos dibujando amaneceres que asumo como penitencia para salvarme. Que yo, por sí no te has dado cuenta he aprendido a verlos como querías, porque no olvidaste que sin ti vivo pero no vibro; pero con sólo pensarte, un arcoiris se esparce en el alma y vibrar no es nada, cuando el alma vive. Sólo espero por ti, por tu verdad, por el día que vendrás por mi, para romper la injusta presencia de tu ausencia.

Confieso que aún es tu reflejo el que pasea conmigo, que el destino en fantasía no ha envejecido y que como Rut ahora yo repito .... "No me ruegues que te deje y me aparte de ti, porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios. Donde tú murieres, moriré yo, y allí seré sepultada".

Hasta siempre.
Te amo y ... no te digo nada todavía

Ylia

Quiero que sea esta noche tu noche y la mía....
y mientras pasen los días teñidos de azul
siempre será esa noche tu noche y la mía...
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Cartas de amor, en botellas, en alas de paloma, en mensajeros humanos, en letra, con tinta, con sangre...... y todas ellas con amor, un profundo y verdadero amor ........ Ylia
Un minuto cartas de amor ©
...Con el amor no se esta solo,
el amor es entrelazar vidas, sangre, caminos que conducen al destino común; pero sobre todo vida, por eso quién saber amar nunca esta solo porque tiene un corazón para acompañar la soledad.
El amor está y a veces lo llena todo
y otras todo lo llena

Ylia Kazama

 

Rut 1.16,17

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