Bardos - Poietés
Juan Rafael Raigón González

 

Quieta laxitud en tarde gris se precipita agria hacia la noche el techo sobre mí pesa mas no cae .... - Fotografía enero 2002 Peñafiel ® YK para Bardos

La Tarde
Quieta laxitud
en tarde gris
se precipita agria hacia la noche
el techo sobre mí
pesa mas no cae
El chirrido penoso de las horas
fuera
la adivinada gravedad del orbe
no hostil: indiferente
Aburrida tristeza
melancólico tiempo desechado
dejado ir
con desgana perdido
vertido
Invisible angustia
tedio

Llevaba toda la mañana manejando la herramienta. La mañana era muy clara. El sol producía una impresión celestial en el estrecho taller, un haz de puntos luminosos tajando la estancia en diagonal.........Cuadro medieval (Del siglo XX)

Llevaba toda la mañana manejando la herramienta. La mañana era muy clara. El sol producía una impresión celestial en el estrecho taller, un haz de puntos luminosos tajando la estancia en diagonal. Era agradable estar allí dejando pasar las horas, esas horas tan iguales a otras muy lejanas: las horas litúrgicas de la mañana. Hace una eternidad, el haz cortaba el volumen globuloso del crucero de una iglesia, cayendo desde las ventanas que rodeaban la cúpula, cada una con su obispo polícromo. Agradable marcar el paso del tiempo con los martillazos, a salvo del aburrimiento, en un sopor deliciosamente rutinario. Saberse dueño de esa rutina le causaba placer. El gato lo miraba desde su majestad de ojos verdes, estático y gravemente feliz en la base del cono de luz. De improviso, se sintió feliz y no quiso nada más. Se sintió como uno de aquellos obispos multicolores de la cúpula, que
él miraba extasiado junto a su madre cubierta con un velo, el grueso misal misterioso entre las manos. Se supo uno de aquellos obispos y no evocó nada, sino que se vio formando parte de una evocación, de una quimera.

Si morir era así, bien estaba. Porque estaba claro que vivir no era así. Vivir era fluir continuamente hacia otra cosa. Vivir era perder. Como un momento después, cuando entró un cliente y todo terminó.

Derrota
Su desnudo triunfó
en leche temblorosa
forjándose en lo negro
como una efigie lumínica
tan bruñida
que los dedos se encogían
antes de tocarla
estremecidos por el exceso
de su promesa
Yo había querido poseerla
pero sólo me fue dado
venerarla
ahogarme de pasión
sometido
                a su presencia          
 verla

Página en constante creatividad

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